El ácido hialurónico es una sustancia que se encuentra de manera natural en nuestro cuerpo. Abunda especialmente en los cartílagos, aportando elasticidad; en la piel, a la que da firmeza; y en las articulaciones, lubricando los movimientos para que podamos ejecutarlos sin dolor. Sin embargo, tiene un problema: se va gastando a medida que envejecemos. Cuando la cantidad de la que disponemos en esas articulaciones se agota, se pierde lubrificación, y eso genera dolor y, a la larga, puede que alguna lesión.
Una posible solución a este problema, que puede aplicarse simultáneamente a otros tratamientos, es la aplicación de ácido hialurónico externo en la articulación afectada. Como comenta el doctor Ortiz, esto permite “separar las caras articulares para que no rocen y no produzcan dolor”.